BDSM, Respeto y Ubicación…

Un día, estaban tres hombres conversando en un bar. Los tres, se lamentaban de lo dificil que les resultaba encontrar otras personas afines a sus gustos, demasiado… particulares:

–        A mí, lo que me gusta, es que me azoten el trasero…

–        A mí, lo que me gusta, es vestirme de mujer, con sus medias, sus tacones de aguja…

–        A mí, lo que me gusta, es ver cómo los demás hacen cosas así…

De repente, uno dijo:

–        Oye… ¿por qué no te vistes de mujer y le azotas mientras yo os observo?

–        ¡No que te ries!

–        ¡No, que os reiréis de mí!

–        Pero… si todos nos respetamos, si todos respetamos los gustos de los demás… Quizá podríamos obtener todos lo que tanto deseamos. Respetémonos!!

Ésta sencilla historia, por supuesto, nunca ocurrió. Pero me gusta imaginarla así para representar lo que, sin duda, fueron los orígenes de lo que hoy conocemos como BDSM. Mucho antes de que se hablase del SSC, del  RACK (RACSA) incluso. La verdadera base del BDSM, es el respeto. Nacido de la necesidad de no sentirse solo. De la necesidad de compartir con los demás nuestros deseos y hacer realidad nuestras fantasías.

Así, el respeto fue el pegamento que unió las siglas del Bondage, de la Dominación, del SadoMasoquismo. Y junto a ellas, muchas más, casi innumerables, de prácticas desconocidas e, incluso, todavía por inventar o descubrir. Y el respeto debió servir de germen para que naciera la tolerancia.

Quizá, aquí, muchos piensen: “¿Y qué?”. Pues, sencillamente, que es eso lo que define, o debe definir al verdadero practicante de BDSM. No lo deben definir ni sus prácticas, ni si es seguidor del SSC o del RACK. Ni si es de la nueva o vieja escuela. Lo que lo debe definir es el respeto hacia los demás y sus prácticas, por extrañas que éstas puedan parecernos. Por muy contrarios que podamos sentirnos a ellas. El respeto, por supuesto, debe incluir también el respeto a las leyes y a los propios derechos humanos que tenemos por nacimiento.

Sin embargo, de un tiempo para acá, el respeto ha ido dejándonos de lado. Sería imposible decir cuando empezó a desaparecer. De alguna manera, puede achacarse a la inmensa proliferación de personas que van llegando cada día más. Y entonces, es cuando decimos que la culpa es de la inmensa cantidad de pajilleros/as que llegan. Y a la soledad. Y, seguramente, sea muy cierto. Sin embargo…

Creo que buena parte de la culpa de esto, podría estar en el desconocimiento real de lo que es el BDSM. Se sabe lo que es, sí. Pero no se interioriza, no se asume. Es algo muy, pero que muy frecuente ver cómo se identifica directa y casi exclusivamente, el BDSM con la D/s. Así, quien tiene una visión del BDSM=D/s, pone en tela de juicio al que disfruta del scat por el simple placer gastronómico. O el que tiene la visión BDSM=SadoMasoquismo, criticará la visión D/s. Y así, podríamos escribir muchos más ejemplos.

Así que, me pegunto si en realidad, esa ausencia de respeto, de tolerancia, no será en realidad un problema de “ubicación”. El BDSM es como un cajón desastre donde llegamos todos, pero en el que quizás no deberíamos estar. Entiéndanme, no quiero decir que sobre nadie, si no que deberíamos pensar si es nuestro lugar. Si somos capaces de respetar a los demás, a los que son diferentes a nosotros, incluso hasta ser capaces de defender su derecho a realizar sus prácticas, el BDSM es nuestro sitio. Pero si no…

Existen múltiples alternativas. Se puede ser D/s sin ser BDSM. Un ejemplo, creo, sería el mundo GOR (al menos, en teoría, otra cosa es la práctica que cada cual realice). Se puede ser spank sin ser BDSM. De hecho, hay muchas comunidades donde el spank es su única práctica. Ni amos, ni sumisas, si sádicos, ni masoquistas… Sólo disfrutan de los azotes.

Quizá deberíamos de reflexionar acerca de cual debe ser nuestra “ubicación”.

Ser practicante de BDSM no es practicarlo todo. Es respetar lo que los demás practiquen.

 Dragón 2008

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