Todo aquello que no tiembla no está vivo.

“las cosas parpadean y se mueven
y todo aquello que no tiembla no está vivo”

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Esta canción de Revolver tiene en cada estrofa resonancias que me llenan de corazón la boca, pero no todas me hablan de lo mismo.

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Ese tú que cada nueva ola me recuerda que está aunque no esté aquí… ese a quien prometo soñar hasta que esté conmigo…  me lleva derecha al mar que estoy dejando atrás y Su ausencia.

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Yo prometo soñarte mientras duerma
y dormir hasta que estés aquí conmigo.

Y la espuma de este mar que me marea
mientras rompe con fragor contra mi oído
recordándome con cada nueva ola
que tú estás aunque no estés aquí conmigo.

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El estribillo me reafirma en lo zorra que es la vida. Tan traidora, tan a punto de joderte en cualquier momento, cuando menos te lo esperas, cuando crees que por fin todo va bien…

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Y pasa el tiempo y mientras pasa considero
que es una falta de respeto
y un engaño tan ruin
que cuando al fin ya sé cómo funciona el juego
se me acaban las monedas
ironías de vivir.

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Pero los dos versos iniciales…

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“las cosas parpadean y se mueven
y todo aquello que no tiembla no está vivo”

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El cambio, la evolución, la vida.

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Se ha vuelto en los últimos tiempos un mantra que una y otra vez me vuelve a la cabeza. Me viene a la lengua y lo canto. Me viene  a los dedos en mitad de un tuit o de un debate…

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“las cosas parpadean y se mueven
y todo aquello que no tiembla no está vivo”

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Yo tiemblo.

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Tiemblo cada segundo que respiro. Tiemblo mientras miro en calma la sombra de los árboles. Mientras rio, o mientras me dejo ir, mientras me contengo. Mientras apuro ratos felices y mientras me ahogo. Como el temblor de la carne bajo el azote, así es la vida. La espera expectante, el dolor que llega y pasa. Y entre los golpes, irreductible, un gozo, un temblor de brillos que hay que devorar, temblor de piel que siente, temblor de alientos vivos. Percibo el parpadeo de las cosas, lo presiento. Quisiera muchas veces aferrarme a un estado inmóvil en el que nada vaya a peor, nada duela, no haya más pérdidas… Pero no. Todo parpadea y se mueve, y yo para bien y para mal tiemblo.

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Todo aquello que no tiembla no está vivo.

Y yo vivo.

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