Carta de entrega.

Lloré aquella noche del 1 de enero de 2004, cuando te la leí de rodillas a tus pies en el apartamento de Torrevieja (y Tú también lloraste, pero no vamos a contárselo a nadie), y lloro ahora al releer su versión digital (obviamente). Porque la original… ¿dónde está? ¿Dónde la metimos? ¿Lo recuerdas, mi Señor? La he buscado por toda la casa, encontré la cajita con la pluma que usé para escribirla y que después te regalé, y encontré recuerdos íntimos (algunos muy íntimos) de otras mujeres que cruzaron tu/nuestra vida… pero aún no he encontrado mi declaración de entrega. Aparecerá cuando manos ajenas urguen en la casa, ya verás. Y la liaremos.

 

Eres…
…mi ilusión cada día,
mi sol,
mi presente,
mis sueños,
mi futuro,
la gran aventura
de mi vida,
mi viaje sin final.
Eres mi puerto.

 
Esta carta es la declaración que no se escribir como documento contractual, o con un formato más oficial. Creo que así cumplirá también su función, su único objetivo: declararme ante quien lo lea, y sobre todo ante Ti y ante mi misma, completamente TUYA.

Tuya como un simple objeto de tu pertenencia, como una mascota. Llegando más allá de ser tu compañera, deseo ser tu esclava.

Quiero con estas palabras dejar constancia de que yo, M.J.G., recién cumplidos los 32 años,supuestamente cuerda, moderadamente culta, y en plena posesión de mis capacidades, te cedo a Ti, A.M., sin que haya sobre mi ningún tipo de presión que me obligue a hacerlo salvo tu deseo y el mío, todos y cada uno de los derechos que pueda imaginar sobre mi persona y voluntad.

Te llamaré mi Señor y mi Amo y me arrodillaré a tus pies porque mi corazón así me lo pide. Responderé al nombre de lena que tú me diste, porque me encanta ser tu lena, y responderé a cualquier otro nombre que quieras darme, porque me llames como me llames no dejaré de ser este ser que se te entrega libremente y que te pide que aceptes la enorme responsabilidad de tomarme como pertenencia.

Declaro que tuyos son mi cuerpo, mi alma y mi corazón, para que tomes con ellos el placer que desees cuándo y cómo desees.

Deseo que me instruyas para ser cada vez mejor objeto de tu placer, en mis habilidades y modales, y aceptaré agradecida los castigos y métodos que consideres en cada momento necesarios para ayudarme a mejorar en este camino. Soy feliz de poder elegirte como Maestro, y confío plenamente en tu criterio para estas enseñanzas. Sé que me harás crecer como persona y en esta entrega sumisa que te declaro, y que aprendiendo a hacerte más y más feliz yo misma también lo seré.

Quiero que este cuerpo sea tu instrumento, y te reconozco el derecho de penetrar en él del modo que quieras siempre que lo desees, así como de jugar con sus sensaciones de placer y dolor a tu antojo, sin que debas tener en cuenta mis deseos. eres libre de manipular mis miedos y vergüenzas para Tu disfrute, de pulsar mi mente y mi orgullo, de convertirme en lo que desees que sea en cada momento. Deseo ser tu puta, tu perra, tu amante, tu capricho, tu enamorada esclava. Quiero ser tu campo de pruebas, tu juguete, tu mosca sin alas, tu experimento. Sólo quiero ser ciegamente TUYA.

Te suplico y agradezco el placer y el dolor que de Ti recibiré cuando me uses, cuando me asomes a mis propios abismos y cuando de tu mano roce el cielo, porque no es otra cosa más que eso lo que deseo. Reconozco que soy adicta al placer de pertenecerte, adicta a cuanto me haces sentir, y te suplico que tomes este vicio, esta adicción, y la pulas para tu disfrute.

Te reconozco como dueño único de la llave de mi placer, para dar y negar siempre a tu voluntad. Mi sexualidad te pertenece. Te ruego que la desboques y te complazcas con ella, y que sigas modelándome y enseñándome a disfrutar para Ti y contigo, a ser el animal instintivo que deseas.

Reconozco también el derecho que tienes sobre mi imagen, el derecho a modificarla, decidiendo en cada momento todos los aspectos sobre mi vestuario, peinado, maquillaje o incluso adornando mi cuerpo mediante piercings, anillados o tatuajes. Te ruego que ejerzas ese derecho para hacerme cada vez más bella y deseable a tus ojos.

Pongo en tus manos mis dudas, mis inhibiciones, mis límites, mis temores. Tú los conoces incluso mejor que yo. No impongo en esta declaración ninguna barrera insalvable, no me quedo nada que negarte. Me entrego a Ti completamente vulnerable y pongo en tus manos la responsabilidad de protegerme y llevarme más allá, guiarme a donde quieras que vaya paso a paso y sin herirme ni romperme en el camino.

Pongo en tus manos mi corazón, que jamás se entregó así hasta que te conocí, y que tú abres y despiertas. Eres el dueño de mis mejores y más intensos sentimientos y emociones.
Sé que hago trampas en esta declaración. Que te lo entrego todo sin medidas porque ante todo confío en tu amor, en tu ternura, tu paciencia y tu sonrisa para avanzar hacia un horizonte al que jamás llegaremos del todo. Sé que cuando hablo de tu placer y tu felicidad lo hago sabiendo que también son los míos Sé que cuando declaro que «todo es tuyo, incluso pese a mi voluntad» en realidad estoy confiandote mis alegrías y suplicándote que tomes la tutela de mi felicidad.
Te amo. Todo lo anterior sobra. Simplemente es que te pertenezco más allá de lo que podrás nunca entender, ni siquiera yo misma.

No sé cómo firmar

         M.J.G.       lena{DR}         m.j.{A.M.}

 

 

4 pensamientos en “Carta de entrega.

  1. Me hiciste llorar, por lo que tienes en presencial, – pero se irá contigo a la tumba- y porque tus palabras me recordaron mi pérdida – por otros motivos-.

    Escribir ayuda a aliviar las penas.

    Abrazo grande.

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