Echo en falta la esencia.

 

Echo un poco en falta “la esencia, sea lo que sea eso.  

 

Estoy mayor, muy maleada, escéptica… Se me sube una ceja cuando me hablan de “la entrega”, de “adorar”, de esas entelequias. Qué pena…

Hubo un tiempo en el que yo también hablaba de esas cosas, y las escribía. De sumisión, de sentimientos intensos, de ese fluir ciego hacia la voluntad de tu amo.

Hoy respondo arisca si un desconocido me entra a la voz de “sumisa”, si me ofrece su guía (tú a mí, qué guía me vas a dar, chaval? La de teléfonos?), si me vende humo, o si me intenta colar en el discurso grandes palabras que me suenan huecas.

Arisca y sobria, me falta la fascinación ebria que nubla la mirada. Si me preguntan, doy consejos pragmáticos desnudos de fantasías, sensatez en vez de magia, realismo despojado de mística.

Me irritan los tópicos y las excusas envueltas en D/s. La posesión como truco de feria de un 14 de febrero alternativo. Las promesas de placeres no pedidos. Las verticalidades absurdas y desequilibradas. Los interrogatorios.

Qué pereza, los interrogatorios.

Se me ha perdido la esencia.

Sea lo que sea eso.

Es un “ya no tengo 15 años”, un “no me vengas con cuentos”, un “pero tú qué fumas” que me pesa un poco, ahí, agazapado en la punta de la lengua. Enredándoseme en las respuestas desde el paladar.

Recelosa, aprensiva, suspicaz, prevenida… Indiferente a las luces excesivas, insensible a gimoteos y a engolamientos… ¡Qué fastidio las lecciones gratuitas! vacías, inconsistentes, lecciones como colas de pavo sin trasfondo, desplegadas tras un hola para deslumbrar y que sólo hastían… Incrédula ante valores no demostrados.

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Será la esencia, que me falta.

lena.
(feb.’21)

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