Saga Maestros de Shadowlands, de Clarise Sinclair

 

Me salgo hoy un poco de mi estilo para recomendar una saga de BDSM romántico. Porque no sólo de Jay Wisseman vive la bedesemera: Maestros de Shadowlands, de Clarise Sinclair.

Se trata de una colección de novelas protagonizadas por los Maestros (título honorífico que otorgan allí a algunos doms veteranos) de un club BDSM privado llamado Shadowlands, en Florida. Y la verdad, me da un poco de vergüenza recomendar estos libros el día de hoy,.. porque seamos honestos: comparados con Cervantes o Shekeaspeare, dejan mucho que desear. Igual no deberían estar aquí un 23 de abril.

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Recomendar, recomendar… no sé si es la palabra. La calidad literaria de los libros no parece muy buena. Y digo parece, porque esta saga no ha llegado a España, así que tras ver que la mencionaban varias veces en twitter con mucho énfasis, y no teniendo yo nivel para leerla en inglés, me lancé a por ella, pero mediante traducciones amateur. Hay que reconocer que alguna agramaticalidad hay en los textos que he leído, aparte de cosas como cierta obsesión por “ahuecar” mejillas, nalgas, pechos… Y otras traducciones curiosas y repetitivas que ahora mismo no recuerdo.

Y a pesar de esta desventaja me ha pasado como con la saga Crepúsculo, que aún siendo una patata me enganchó como a una tonta, pero con el aliciente de que en Shadowlands hay BDSM.

“Pero lena, ¿es bdsm bdsm, o es como 50 sombras?”. Yo diría que es BDSM. Un poquito moñas a veces, con un esquema común en todas las novelas en el que no falta el supermegadom (todos son supermegadoms enfermizamente protectores que te miran y te tiemblan las piernas) que no desea/puede enamorarse y la sumisa vulnerable (novata, maltratada por su ex, traumatizada por una experiencia de trata de blancas,… cada una tiene lo suyo) que lo engancha sin remedio desde el primer momento. Esquema que  por supuesto acaba en emparejamiento feliz y monógamo. Salvo dos novelas que acaba en trío HMH, (pero ellos muy heteros, que conste). En todo caso, se acabó jugar con nadie fuera de la pareja/trío nunca más en la vida.

A parte de esta patina de novela rosa y de algunas licencias eroticofestivas literarias (quien lea cómo son las jornadas para novatos en Shadowland va a aburrirse mucho en un taller real de bdsm para principiantes), los libros reflejan aspectos de la práctica BDSM con bastante, a mi entender, acierto. El tema del consenso es casi obsesivo, y se insiste en varias de las tramas para diferenciarlo del maltrato. La palabra de seguridad es una constante. Se toca también la posibilidad de que la persona sumisa no diga la palabra de seguridad por orgullo, miedo a defraudar, saturación… y la importancia de que esto no ocurra. Se distingue entre sumisas/dominantes y masoquistas/sádicos, así como en la posibilidad de practicar BDSM como un modo de vida 24/7 o de forma más limitada. Sale el tema de las sumisas descaradas que embroman a los dominantes (lo que llamaríamos brats). Se comenta las distintas necesidades de aftercare que puede tener cada uno, (los protagonistas lo dan a raudales en forma de superabrazos contra sus poderosos y masculinos pechos). Se explica el subespace…

Una cosa que agradezco es que aunque muchos personajes tienen sus traumas debidos a experiencias previas (matrimonios, vivencias criminales, educaciones represivas…) el trauma nunca está relacionado con su tendencia a la sumisión o al sadomasoquismo. No son lo que son por lo que han vivido, porque nunca se considera esta sexualidad e impulsos como algo enfermizoni como la consecuencia de una herida, sino como una parte innata de la personalidad. Si acaso, esas experiencias les dificulta soltarse y disfrutar al 100%.

Aunque las historias son básicamente heteronormativas (son un desbordar de testosterona por todos sus renglones), también hay alguna representación de parejas mayores, homosexuales, bisexuales, switch, dóminas y sumisos, personajes racializados… En general intenta dar alguna pincelada de diversidad, aunque a mi entender en esto se queda muy corto.

En cuanto a las prácticas, la primera novela nos lleva a un BDSM prácticamente limitado a la dominación sexual. Pero no os desaniméis: cada título va subiendo la temperatura hasta incorporar sadomasoquismo. No muy extremo, al menos hasta el número 7 que es donde yo he llegado (son 14 tengo entendido), pero más que las 50 sombras desde luego sí.

Si acaso me rechina un poco la representación de la dominancia y sumisión como algo tan físico y automático. Que un dom dice “al suelo” con su voz de dominante (habría que analizar qué parámetros de frecuencia, tono, intensidad y timbre implica esa voz) y las personas, especialmente las mujeres, que en su interior lleven la sumisión son incapaces de mantenerse en pie aunque estén en mitad de un supermercado. Y el final Disney de todas las parejas. Todos felizmente emparejados y retirados de cualquier perversión fuera de la legítima pareja.

Pero qué caray… ¡son novelas! Y para pasar un buen rato no están mal.

A mi las escenas de sexo acaban pareciéndome repetitivas, pero por lo demás reconozco que a ratitos las historias de Shadowlands me han despertado añoranzas y deseos de D/s, protocolo, pertenencia, control…

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Voy a incluir a Clarise Sinclair en la lista de mujeres escritoras de BDSM, aunque no haya sido editada en español. No será para premio Nobel… pero al menos nos llevaremos una alegría para el cuerpo.

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Un comentario en «Saga Maestros de Shadowlands, de Clarise Sinclair»

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