«MULTIPROPIEDAD» – parte 4

Viene de…:

Multipropiedad, parte 1 – sobre las relaciones múltiples BDSM
Multipropiedad, parte 2
Multipropiedad, parte 3.

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Y con esta cuarta parte , yo creo que ya la doy por cerrada. Tengo más, pero ya me lucí bastante dando la lata.
Espero que se note que está escrito más bien con humor y como reflexion propia y que en ningún caso intento establecer parámetros para que otros los sigan ni agotar las mil posibilidades existentes en el mundo de las relaciones.

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Y LA EXPERIENCIA ME ENSEÑA…

¿Cómo dejé de de ser una «mala sumisa insegura y digna de desprecio, que no comparte Amo», y me convertí en una «triste sumisa insegura y digna de conmiseración que traga con lo de compartir Amo»? (es bromaaaaa…)

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En mi caso fue un proceso que nos llevó casi tres años, pero pueden ser tres meses, o tres semanas, o no llegar nunca el caso…

Mirando atrás creo que puedo distinguir muy claramente los pasos que llevaron a hacer posible esta situación, y todos ellos están relacionados con el hecho de sacar la relación del ámbito privado de nuestro dormitorio.

La verdad es que al pensar en la segunda sumisa, nunca tuve el impedimento de sentirme insegura en mi relación, cosa que entiendo que es un motivo muy importante a la hora de dudar. Yo nunca percibí la posible llegada de otra persona como una amenaza contra mi status, tengo una seguridad al respecto que ralla la sobervia. Estaba muy segura de que no iban a ser menos por su llegada ni el amor de mi pareja ni la atención y consideración de mi Señor…

Igual peco de ingenua y me fío demasiado de la solidez de mi relación con mi Amo en todos los aspectos, pero sigo pensando igual. Tal vez pasado mañana me estrelle, pero bueno… esto es lo que siento, y de momento me ha ido bien. Así que mis reparos como digo, no eran los celos ni la posible sensación de abandono.

Tampoco la posibilidad de competencia, ya que no es el estilo de mi Señor fomentar la competitividad en ningún aspecto. No me preocupó ese término entonces, y luego he constatado que efectivamente supo llevarnos a las dos adelante con nuestras diferencias individuales y hacer que nos sintiéramos ambas completas y al tiempo complementarias, sin necesidad de ninguna rivalidad entre nosotras.

Muchas de las reticencias que en mi caso bloquearon al principio este tema estaban relacionados con un fuerte rechazo al exhibicionismo. No quizá tanto al exhibicionismo como generalmente lo imaginamos, por ejemplo a hacer exhibición eróticofestiva con cam ante desconocidos, como al exponer ante otros ojos la profunda intimidad que para mi supone el hecho de ofrecer tu dolor, tu orgullo, tus lamentos, tu placer y tus lágrimas, tu vergüenza… A mi todo esto más que morbo me provoca una fuerte sensación de intimidad, tras una sesión de gato y fusta puedo deshacerme en devoción y ternura (sip, ternura, que pacha, cada uno siente lo que quiere).

Por eso estoy segura de que si no me saltaron todas las alarmas cuando mi Señor empezó a plantear el tema, no ya como futuro incierto si no como objeto serio de estudio y materia de trabajo, fue porque muchos de mis temores ya se habían puesto a prueba en otras situaciones, al compartir juegos y experiencias con otras personas.

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Antes de que llegara piel{DR}, hubo muchos momentos que rompieron en mi mente la idea de que esto era demasiado intimo para compartirlo con otros.

Estuvo la primera vez que mi Señor me puso el collar en casa de unos amigos.

La primera fiesta a la que asistí, en la que fui una sumisa recatadita y vergonzosa, pero sumisa en público al fin y al cabo, y en la que pude ver a otras personas interactuando.

Y estuvo, sobre todo, el empezar a interactuar nosotros con otros y a jugar en presencia de otros. Las cenas, los encuentros, las fiestas privadas, las mazmorras… Es difícil enumerar inmensa cantidad de pequeños limites que se fueron rompiendo gracias a la presencia y participación de otras personas, amigas de inmensa confianza que nos aportaban un marco seguro donde avanzar. En estos encuentros experimentas con la posibilidad de relajarte en tu entrega pese a no estar a solas, de disfrutar la compañía de otros en esos momentos, empiezas a valorar lo que sientes cuando tu Señor ejerce sobre otras que no son tú (aunque no es lo mismo, claro, sabes que no son suyas, no hay ese vínculo ni esa relación afectiva que puede ser origen de los celos a veces)…

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Por supuesto, estas cosas pueden no ser necesarias si la relación con la otra sumisa va a ser independiente… pero en mi caso no iba a ser así, mi Señor nunca quiso otra persona para Él en paralelo a la relación conmigo, si no alguien para incorporar a la relación ya existente.

Y entonces llega el momento en que se pasa del «no habrá otra de momento» al «habrá otra, cuando estés preparada». Y ese cuando estés preparada no es un refugio en el que instalarse indefinidamente, si no la promesa de una asignatura que comienzará en breve, y que se va a aprobar antes o después.

Vinieron entonces noches de infusión y conversaciones en el sofá, con mi Señor planteando mil posibilidades utópicas «¿qué crees que sentirías en la situación de…?» «¿cómo crees que te afectaría que yo hiciera tal cosa con otra…?» «¿y si la relación fuese así…?» «¿y si fuese en estas condiciones…?». Se barajaron mil posibilidades, para muchas de las cuales no tenía realmente ningun reparo: yo ya había visto a mi Señor azotando otros traseros de propiedad ajena, o incluso compartiendo cierta intimidad con otra sumisa libre… Primero sin fechas, y luego poco a poco trasladando al momento actual esos ejercicios de imaginación. «Ahora mismo, si encontrase alguien que encajara justo en lo que propongas, qué podrías aceptar»….

Muchas de las conversaciones fueron hablar por hablar. Comentamos casos tan limitados y extraños que hubiera sido raro encontrar a alguien dispuesto a semejantes condiciones. Imaginamos compañeras de juegos esporádicas, sumisas de manga ancha, mil combinaciones de disponibilidades y limitaciones.

Pero el objetivo no era buscar, sólo imaginar y tratar así de focalizar cuales eran realmente las limitaciones y dificultades y cuales no.

Y a lo tonto a lo tonto, fantaseando y analizando posibilidad tras posibilidad, recorrimos todo el camino de los «pasito a pasito», sin que hubiera llegado nadie aún.

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Así que cuando llegó el momento y nos tropezamos de narices con una persona que parecía encajar, me quedaban muy pocas condiciones que poner, y piel{DR} fue bienvenida por la puerta grande y con todos los privilegios y deberes. Los únicos límites que teníamos para entonces eran los que cada uno de los tres aportamos a la relación, nada nuevo dependiente directamente de la relación compartida.

No sólo no tenía pegas, si no que compartía cierta excitación con mi Señor esperando su respuesta «¿aceptará?» y me ilusioné con Él cuando dio el paso adelante. La verdad es que creí que no iba a hacerlo, dada la dificultad de la distancia. Si algo no nos habíamos planteado nunca, era alguien que viviera en el otro lado del planeta… pero piel{DR} vivía allí, y ella era la persona perfecta. Y ella debió pensar que también valía la pena, o se dejó convencer por la labia de mi Señor… y decidió también aceptar su propuesta y arriesgarse e intentarlo.

Quedaban aún cosas pendientes que sólo podrían constatarse con el día a día y la experiencia. Hubo que reajustar algunas costumbres y aprender a disfrutar otras cosas. Aprender a respetar el espacio y la intimidad de esta nueva relación sin por ello estar ajena. Yo creo que toda relación necesita cierta intimidad para crecer, siempre supe que ella necesitaría su espacio con su Amo, y que eso significaba tiempo. Igual que nosotras necesitaríamos el nuestro para alimentar la amistad que ya teníamos de antes y dejar crecer la complicidad.

Hubo que acostumbrarse a que en tu casa hubiera momentos de puertas cerradas.
A cambiar el ritmo de la vida cotidiana y renunciar a las veladas en el sofá, cuando por fin se acababan trabajo, cenas, duchas, el niño acostado y era nuestro turno de soledad…

Por supuesto que pierdes cosas al renunciar a la exclusividad. Siempre que elijes un camino renuncias a otro. Una nueva persona no sólo significa más jugadores en la partida, no es un juguete que luego puedas meter en el cajón, implica nuevas responsabilidades y compromisos que deben atenderse, tanto cuando apetece como cuando no apetece. Hay momentos que quisiera tener a mi Amo conmigo y no puede ser porque ella le necesita, o simplemente porque tiene derecho a tenerle. Pero ella también habrá momentos en que le gustaría tener a su Amo con ella y no pueda ser… No es un drama, es de sentido común, es normal, no se puede tener todo.

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¿Pero vale la pena? Para mi, sí, está valiendo la pena con creces.

A parte de su amistad, y de lo que te aporta el contar con una complice tan cercana a tus intereses, alguien con quien compartir algo tan especial como esto, con quien poder confabularte para sorprender y hacer pequeños regalos de felicidad a tu Amo… además de todo eso me ha permitido contrastar mis teorías con mis realidades en más de un aspecto, y enviar muy lejos la amenaza de la rutina diaria empolvándome el rol.

En cierto modo el simple hecho de estar piel{DR} ahí y de vivir día a día cómo iba construyéndose su relación con nuestro Amo, tener la compañía de su presencia rezumando entrega y sumisión recién nacidas, recordar en su camino algunas de las fases que yo misma pasé cuando era yo la que comenzaba,… La presencia de piel{DR} reaviva en mí la sensación de entrega. No quiero decir que fuera más o menos sumisa antes o después, no es cuestión de medidas, pero me lo trae más a flor de piel y me permite volver a disfrutar de esa sensación de un modo nuevo.

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Y eso sin contar con el esperado encuentro en real. Un reto para los tres.

Yo podía mirar dentro de mi y tratar de imaginar qué sentiría al ver o participar en ciertas cosas, podía tratar de ser sincera conmigo misma, pero hasta que no ocurriera realmente no serían más que suposiciones. ¿Qué pasará cuando mi Señor la use sexualmente?… ¿Y si además soy testigo?… ¿Y si es ella la testigo mientras me usa a mi?… ¿Y si la elije para dormir con ella en vez de conmigo?… ¿Y si…?… ¿Y si…?… ¿No sentiré celos y amargaré la fiesta a todos? ¿No saltará la pareja de uñas y la sumisa quedará en segundo lugar?

Fue una experiencia tremenda, agotadora, quince días de intensa D/s, de muchas «primeras veces» mías, suyas, de todos… Y en cierto modo, de averiguar quién lleva la batuta, la pareja o la sumisa dentro de mi corazón. Una tontería de dilema, tal vez. Sin duda podría haber vivido eternamente sin perder el sueño por ese tema, no es más que anecdótico, me importa tres cominos ser una buena o mala, profunda o superficial sumisa mientras yo y quienes amo seamos felices… Pero es cierto que me ha gustado comprobar cómo realmente me siento feliz viéndole disfrutar de otra persona en mi ausencia y en mi presencia. Que me siento feliz de que ella le disfrute a El también. Y que en directo, como a distancia, no hay el más mínimo pedacito de celos en esta relación. Me parece bueno, sano.

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Y es que yo he tenido una suerte asquerosa en esto del BDSM desde que di el primer pasito… nunca me he dado de tortazos contra la pared como tantas otras, no me ha cazado ningún tiburón, no ha habido pirañas mordisqueando con intrigas alrededor de nosotros… Y la primera experiencia compartiendo Amo me ha salido también redonda de momento, con alguien que se unió a nosotros sin dobleces y que encima no sólo le Adora a Él, si no que me ha demostrado en mil detalles que es mi amiga y aliada.

Igual por eso jamás me toca nada en la lotería: desgraciado en el juego… afortunado en BDSM.

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lena{DR}
propiedad de Dragon
mayo’06

Este texto empieza aquí: «MULTIPROPIEDAD- Sobre relaciones múltiples BDSM»

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4 comentarios en ««MULTIPROPIEDAD» – parte 4»

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