«MULTIPROPIEDAD» – sobre relaciones múltiples BDSM

Recientemente algunas personas muy amables, en un foro de muy muy lejos, han rescatado este viejo texto. Puede que hoy algunas cosas las expresaría de otra forma, pero básicamente sigue representando mi opinión sobre el tema de las relaciones múltiples en BDSM (especialmente un Amo y varias sumisas), y como vi que no lo habíamos publicado nunca en el blog, aquí lo traigo. Ustedes disculpen que no sea actual (ni morboso).

(Aviso, son cuatro capitulos)

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MULTIPROPIEDAD, parte 1.

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Mi primer contacto con la MULTIPROPIEDAD

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Voy a reflexionar de una sentada o en varias sesiones (según lo largos que sean mis paréntesis sin faena en el trabajo) sobre distintos aspectos relacionados con la Multipropiedad

Ya sé que el término está mal usado, porque si nos atenemos a las campañas esas que te llaman por teléfono y te dicen que te ha tocado el increible premio de comprar un apartamento en multipropiedad, se supone que define justo lo contrario de lo que trata este texto: sería un apartamento con muchos propietarios

¿Podría darse el caso de una sumisa con varios Amos?… Eso sí sería multipropiedad en el sentido extricto de la palabra. Parece complicado de llevar a cabo, pero en relaciones humanas nunca se sabe y no seré yo quien suelte un no tajante ante ninguna posibilidad, sobre todo cuando yo no la he experimentado para poder juzgar cómo me fue. En el caso de los apartamentos, a ti siempre te toca el que menos te interesa o cuando no te conviene, no sé si a la sumisa le ocurriría igual.

.Yo quiero reflexionar sobre el caso contrario, un propietario con varios apartamentos, chalets y/o tiendas de campaña, mucho más habitual en las relaciones BDSM. De todas formas no tengo muy claro que semánticamente no tenga yo razón y se equivoquen los de las inmobilarias.

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¿Por qué este empeño ahora y en este tema en concreto? Porque lo de compartir con otra persona el Amo, mi Amo, el eje de mi universo, es una realidad que vengo disfrutando (y digo bien, disfrutando) desde hace unos meses. Y como soy una mente inquieta que cuando se aburre le da por hacer este tipo de reflexiones, va siendo hora de tocar el tema. No por dictar sentencias, ni redactar manuales de «cómo relacionarte con la competidora recién llegada sin que llegue la sangre al río: supera tus celos y aprende a manipular en tu beneficio sus errores». Es sólo una reflexión sobre MI experiencia, con la cual puede que alguien encuentre puntos en común y otros se sientan muy distanciados. Y ni siquiera soy experta en mi propia experiencia, ya que como acabo de comentar solo cuento con unos pocos meses viviendo esta situación, puedo cambiar de ideas en el futuro según vayan ocurriendo las cosas.

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Ante todo, quede claro que defiendo firmemente el derecho de cualquier persona a buscar exclusividad en su relación si es eso lo que necesita. No me creo para nada eso de «si no aceptas que tu amo tenga más sumisas, eres mala sumisa», entre otras cosas, porque considero que esto es un juego de adultos, vivido con más o menos intensidad, pero cuyo fin es siempre la felicidad de los participantes. Y porque tampoco me creo las definiciones de bueno-malo, las normas de cómo debe ser, y la manía de etiquetar esto sí es-esto no es…

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Eso sí, si crees que no serás capaz de compartir a tu Amo, asegurate antes de embarcarte en la relación de que para él no va a ser un requisito imprescindible. No es más que cuestión de buscar la pieza que encaje con cada cual, con honestidad y coherencia. No persigas a uno de esos dominantes que tienen a sus pies un harén habitual de media docena de propiedades. Y por lo que más quieras, mucho menos eches el ojo a un Amo con propiedad planeando desplazar a ésta y quedarte en exclusiva. No es probable que a la larga te funcione, incluso en el caso de que consigas deshacerte de momento de la que estaba cuando tu llegaste (cosa que ocurre con más frecuencia de la desable). Y además te denunciaremos al sindicato de sumisas por pécora y mala vívora y no te invitaremos a nuestros clubs de damas. Bastantes golpes y fracasos hay en este mundillo para andar zancadilleandonos entre nosotras encima.

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En mi caso, cuando comencé a intercambiar emails y conversaciones de messenger con mi Señor, me importaba tres pepinos si tenía por ahí otra sumisa o una legión de ellas. Ni siquiera se me ocurrió preguntarle en esos momentos. Entre otras cosas, porque me asomaba a esto por primera vez, sin conocer usos y costumbres del BDSM, mucho menos aún tener mis propios criterios sobre ellos, y con más tabúes y fantasmas que otra cosa… Y sobre todo porque estaba segura de que el capricho y fisgoneo me iba a durar menos que el canto de la calandria, que no sé cómo canta pero debe ser muy brevemente.

Resultó que no tenía, y como única sumisa suya comenzamos a construír una relación de Amo-sumisa y que muy pronto nos unió también como pareja.

Entonces ya no me dio igual. Al dejar esto del BDSM de ser una fantasía ambigua y bastante indiferente, para convertirse en una realidad cada vez más presente en mi vida y mis sentimientos, la posibilidad de que otra persona participara en eso que estaba viviendo se me hacía tan cuesta arriba que se convirtió entonces en un límite. ¿Por qué? No sé, tal vez ya tenía bastante con hacer la digestión de cuanto estaba descubriendo sobre mi misma en ese momento y con adaptarme a todos los cambios que esto supuso en mi vida. Demasiadas conmociones, con las correspondientes dosis de vulnerabilidad y de inseguridad que cada cambio conlleva. Y también porque ya no era una utopía imaginaria en la que todo puede ocurrir pero en realidad no pasa nada. Esto era algo real, y aceptar esa posibilidad era que alguien más fuera testigo de mis penas y glorias, de la vergüenza, el dolor, el placer, las vacilaciones y los avances. No sé qué me preocupaba más, si que esa persona tuviera un espacio en la intimidad de mi Señor, o que la tuviera en la mía.

Es posible que si Él hubiera tenido realmente otras sumisas en el momento en el que nos encontramos, tampoco hubiera sido un problema, ya que habría aprendido desde el principio a crecer en esa situación. O tal vez me hubiera sido más dificil crear con Él el vínculo que acabó llevándonos a vivir juntos. Ni idea.

El caso es que pasó así, y fuimos pareja «monopérrica» durante casi tres años. En principio porque era lo que ambos necesitabamos y queríamos, aunque Él siempre dijo que era una posibilidad que le gustaba y se quedó abierta la puerta a que en el futuro se incorporara una tercera persona. Abierta, pero no impuesta; Yo jamás sentí sobre mi cabeza esa espada de Damocles que otras sumisas sufren, sabiendo que sus Amos desean o planean introducir en la relación algo que ellas no comparten. Siempre fue algo que ocurriría cuando fuera el momento apropiado, y si encontrabamos la persona adecuada… Y si no se daban esas condiciones nunca, tampoco pasaba nada.

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Claro que cuando uno quiere, hace lo que está en su mano por crear las condiciones.

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lena{DR}
propiedad de Dragon
mayo’06

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Continua:
– Multipropiedad, parte 2
– Multipropiedad, parte 3
– Multipropiedad, parte 4

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